PROCESO CREATIVO
INSPIRACIÓN
INSPIRACIÓN
La fase inicial, la concepción de la idea, es la más importante. A partir de ella, el resto del proceso consiste en resolver una serie de desafíos técnicos.
La inspiración no procede únicamente del exterior, sino de la conexión entre la experiencia acumulada y la capacidad de imaginar. Es un momento de lucidez en el que se establecen vínculos invisibles entre lo real y lo imaginario, lo vivido y lo soñado.
La naturaleza y la geometría funcionan en mi trabajo como referentes estéticos. Ambas ofrecen lecciones sobre belleza, proporción, equilibrio y armonía. La naturaleza ocupa mi imaginario como primera gran constructora de formas, y la geometría como la fuerza invisible capaz de hacer que lo complejo y lo caótico resulten lógicos y poéticos al mismo tiempo.
FORMA Y PENSAMIENTO
FORMA Y PENSAMIENTO
La obra surge del diálogo entre intención y material.
Mi proceso creativo es simultáneamente mental y físico. Necesito pensar con las manos: a través de la manipulación del material comprendo realmente la forma y sus posibilidades.
El eje central de mi investigación es la búsqueda de formas capaces de comunicar ideas y emociones. La forma puede expresar aquello que a veces permanece como un ruido interior difícil de verbalizar.

Me interesa explorar la evolución natural de la forma y los cambios semánticos que pequeñas variaciones pueden producir. En escultura, un mínimo desplazamiento puede generar transformaciones profundas y conducir a conclusiones formales y conceptuales muy distintas. La reducción formal no persigue una simplificación estética, sino una claridad conceptual.

Aunque las conexiones con el minimalismo no siempre sean evidentes, siempre me he sentido cercana a su pensamiento, especialmente en su interés por la simplicidad formal, la geometría, la repetición, la modularidad y la atención al espacio.
EL MATERIAL
EL MATERIAL
La originalidad nace de la relación personal que cada artista establece con su material.
Las ideas no surgen separadas de la materia; con frecuencia aparecen precisamente a través de su manipulación. En el taller aprendí que no se puede fingir: la única manera de desarrollar una obra coherente es ser fiel a uno mismo.
La arcilla exige atención y respeto constantes. La obra es el resultado del diálogo entre intención, material y técnica, donde la experiencia permite anticipar las necesidades del material y ampliar sus límites. Con el tiempo se establece una relación casi simbiótica, en la que el propio material también transforma la manera de trabajar.
Considero un privilegio trabajar con arcilla: es un material que no destruye lo imaginado al entrar en contacto con la realidad, sino que muchas veces lo intensifica al salir del horno.
MÓDULO Y GEOMETRÍA
MÓDULO Y GEOMETRÍA
El uso del módulo ha supuesto un punto de inflexión en mi trabajo.
El interés del módulo se intensifica cuando varios elementos se relacionan en el espacio. La percepción de cada forma se transforma y comienza a establecerse un diálogo entre las partes que aporta significado a la obra. La pieza deja de ser un objeto aislado para convertirse en una estructura de relaciones donde repetición, proximidad, orientación y ritmo generan nuevas connotaciones.

La geometría funciona como un sistema de pensamiento tanto para la construcción del volumen como para la organización de la superficie. Es una herramienta que genera tensiones y construye significado. Sin embargo, no la entiendo como un sistema abstracto o ideal: en mi trabajo, la geometría se encarna en la materia y está afectada por el peso, la gravedad, el secado y las tensiones internas del barro.

PROCESO
PROCESO
El taller es un espacio de libertad absoluta. Tiene algo de laboratorio y algo de templo: un lugar donde ojo, mano y pensamiento trabajan de manera conjunta.
El proceso de producción comienza con la realización de maquetas de papel. Esta fase inicial permite comprender la forma y comprobar la viabilidad de la idea.
Posteriormente realizo láminas de gres que corto como si se tratara de patrones de costura.
Cuando la arcilla alcanza la dureza adecuada, dibujo sobre la superficie con óxidos metálicos. Estas líneas y retículas no funcionan como elementos decorativos, sino como una manera de reforzar la estructura del volumen.
El último paso consiste en generar el volumen: plegar, curvar, unir y cortar. Son acciones que recaen sobre la materia y aportan significado a la obra.
Partir del plano para generar volumen implica que el vacío se convierta en un elemento activo que conecta interior y exterior, transformándose en un contenedor de energía.
El significado completo de la obra solo se revela plenamente cuando la pieza está instalada y se activa todo el sistema de relaciones entre forma, superficie y distribución espacial.
El resultado final surge de la interacción entre forma, superficie y espacio.











